Hace poco estuve en Paris un par de días para reunirme con mis compañeros de Openverse en una de las reuniones anuales que solemos tener. Antes de empezar la semana del encuentro, me tomé un par de días libres antes para aprovechar de caminar por algunos barrios que me gustan, ir a KB (una de mis cafeterías favoritas) y comprarme unas bolsitas de café, y visitar dos librerías que tenia anotadas: Librairie Sans Titre y Aaapoum Bapoum. He tenido el privilegio de visitar la ciudad varias veces estos últimos 3 años, pero esta vez fue muy especial porque, contrario a la mala fama que tienen los parisinos, conocí a gente muy buena onda en situaciones muy inesperadas.

















Me había olvidado un poco de la vibra comunitaria que tienen los barrios y la cantidad de ilustración que hay por todos lados. Un par de días antes del viaje busqué algun encuentro de dibujo para ir con mis materiales y conocer artistas y diseñadores de allá, pero me encontré que ese fin de semana habia un evento anual sobre el dibujo llamado Drawing Now Paris. No tenía idea de que trataba, y al principio estaba un poco reacio a ir porque la entrada no era barata y el lugar era como una feria de arte con muchos aires de exclusividad. Tampoco quería matarme caminando por la ciudad o ir a museos y galerías que ya conocía, así que finalmente fui a la exposición y resultó ser un evento muy muy bueno. Altamente recomendado.
Entre todas las galerías y artistas que exponían, conocí a Alireza Shojaian. Un artista Iraní viviendo en Paris que trata el tema de la masculindad y la simbología tradicional de Irán en sus pinturas. Justo estaba ahí presente y se me acercó para explicarme su trabajo. Nos quedamos conversando un buen rato y me contaba sobre cómo la simbología masculina está siempre retratada desde la fuerza, y toda la dimensión relacionada a la fragilidad busca ocultarse; pese a que muchos cuerpos masculinos estan representados en grupos y semi desnudos. Era muy interesante el juego que hacía entre lo erótico y lo sexual para desafiar la idea de masculinidad. Muy interesante su trabajo, y Alireza también muy buena onda.







Después de recorrer todos los pasillos, me fui a la cafetería a descansar un rato y a los pocos minutos se sentó a mi lado Myriam Andrew. Una artista parisina que también estaba visitando la exposición y que llevaba practicando Español hace un buen tiempo porque le encanta como suena. Cuando supo que mi español era nativo, nos quedamos conversando y practicando un rato. Ahora mientras escribo esto, me acuerdo que tengo que responderle un mensaje por instagram para ver si quedamos en una videollamada a conversar.
Como no tenía un plan tan elaborado para esos dias, iba caminando por barrios y calles que me parecían interesantes, y me encontré con varios mercaditos pequeños de frutas, verduras, quesos y otras cosas variadas de segunda mano. Ahí aproveche de comprar y comer un par de quesos mientras me forzaba a decir un par de palabras en Francés. La gente siempre agradece cuando uno hace el intento de hablar el idioma local, y al final, entre frances, español e inglés, uno se puede dar a entender en varias cosas. Hasta me regalaron una fruta por estar preguntando y mirando los puestos.












Un día saliendo del metro, me encontré con una fila de gente esperando comprar unos croissants en un local ganador de un premio. Hice la fila porque “si hay gente, por algo será”. Menos mal atrás mío se sumó una chica que también estaba curiosa sobre qué vendían y que resultó ser parisina y no tener idea del sitio. Nos pusimos a conversar mientras avanzaba la fila, y me anotó dos pastelerías donde me aseguró que el croissant estaría siempre bueno. Al llegar a la caja para pedir, ella se adelantó, pidió dos croissant, y me regaló uno. No me esperaba para nada ese gesto. Le di muchas muchas gracias, me deseó buen viaje, y adios. Me alegró el día.
En esos días, el único plan impostergable era quedar con Eva. Una amiga parisina que conocí años atrás en un tour por Budapest cuando yo viajé por primera vez por Europa. Esa vez hicimos muy buenas migas y durante los días que estuve en Hungría quedamos varias veces. Años después Eva me fue a visitar a Santiago mientras ella vivía en La Paz, Bolivia. Y yo ahora estando más cerca, la he ido a ver dos veces. El año pasado me recibió a mi y Maria en su casa y celebramos el cumpleaños juntos en su casa con su gatito Oslo.
Eva es muy buena onda. Muy acogedora y siempre con una sutil sonrisa en su rostro. Su trabajo es muy interesante. De lo poco que nos vemos, siempre hablamos de todo y aprovecho de aprender mucho sobre Francia y Paris. Es un tremendo gusto verla y saber que nuestra amistad ha perdurado en el tiempo.




De todas las librerías a las que fui, creo que en todas me compré algún fanzine o edición pequeñita de ilustración. Ahora que estoy dibujando más seguido y que siento que recién estoy empezando a lograr cosas que me gustan, me tienta la idea de hacer una pieza gráfica que no sea solo una imagen aislada. Es dificil trabajar en una idea que se salga de la estructura en la que vivo día a día diseñando para la web.







El último día estaba ya casi deseperado por probar el boeuf bourguignon. Un par de semanas atrás, Ingrid y su papá, ambos franceses y de la región de donde el plato es tradicional, me enseñaron a prepararlo según una receta que manejan ellos. Había visto en internet que en Polidor lo preparaban muy bien. El lugar al parecer es de los pocos tradicionales que no han cambiado mucho por los efectos del turismo. Pero lamentablemente, el plato era horrible. La carne seca y el puré sin mucho sabor. De las peores carnes que he probado.
Lo unico bueno del sitio, es que al lado había una mujer que se puso a conversar conmigo y que tenía amigos chilenos. Por cierto, Paris está lleno de chilenos. Me habló durante un buen rato de cómo había cambiado ese barrio de Paris, y que la próxima vez que vaya debería visitar Montreuil, un barrio con mucha onda. Cuando se levantó, me di cuenta que tenía un pin de Palestina en el pecho. Le dije si sabía de la relación Palestina-Chile, y se quedó otro par de minutos de pie conversando conmigo mientras yo trataba de comer una de las carnes más duras que he comido en mi vida.

Ojalá siempre haya una excusa para volver a Paris. La ciudad es muy interesante. Eva seguro que se hará un tiempo para que nos veamos y yo espero planificarme mejor para por fin sumarme a algún encuentro de dibujo.
Ah. Por último. No me canso de tomar el metro, bajarme en la estación Trocadéro, y ver la torre Eiffel desde esa explanada que la mira de frente. He ido solo, con Maria, con mi mamá y mi papá, y con mi gente de Openverse. Impresionante todas las veces.
